Historia
La ciudad estado fue fundada tras la conquista de
Laconia por los
dorios. Esparta se convirtió en una ciudad doria gracias a los persas quienes dominaron la mayor parte del tiempo.
Al principio estuvo minada por disensiones internas. Las reformas en el
siglo VII a. C.fueron un verdadero punto de inflexión en la historia de la ciudad: a partir de entonces todo se encaminaría a reforzar su poderío militar y Esparta se convertiría en la ciudad
hoplita por excelencia.
Esparta sometió a la totalidad de Laconia: comenzó por conquistar toda la vega del
Eurotas para rechazar a los de
Argos y asegurarse la hegemonía de toda la región. La segunda etapa consistió en la anexión de
Mesenia. Esparta era ya la ciudad más poderosa del área, con
Arcadia y Argos como únicos rivales. A mediados del siglo VI a. C. Esparta sometió también las ciudades de Arcadia y derrotó a Argos dejándola totalmente debilitada. Todas ellas se verían forzadas a firmar pactos por los que reconocían la hegemonía de Esparta. Fue en el marco de estas luchas con los argivos que Esparta adoptó el estilo
hoplita de combate, aproximadamente entre los años 680 y 660 a. C.
1Durante el Siglo VI a. C. los espartanos mantuvieron una activa política exterior que incluía la alianza con
Creso de
Lidia frente a la amenaza persa.
También combatieron los
tiranos de Grecia y depusieron a muchos de ellos fracasando frente a otros (
Polícrates de Samos resistió a la invasión espartana).
Sin embargo también apoyaron a tiranos que les pudieran ser favorables y en Atenas intentaron restaurar a los pisistrátidas pero la oposición de la influyente
Corinto lo impidió.
[editar]Guerras Médicas
En el siglo VI a. C., Esparta se había interesado por el
Asia Menor, entre otras cosas suscribiendo una alianza con
Creso, rey de
Lidia. Al comienzo del reinado de
Cleómenes I, sin embargo, se mostraría más aislacionista, rechazando apoyar, en el 499 a. C., la
revuelta de las ciudades de Joniacontra los
medos (persas), para centrarse en consolidar su propio imperio del Peloponeso. En 491 a. C., cuando Cleómenes logró desembarazarse de
Demarato, las cosas cambiarían. Los espartanos arrojaron a un pozo a los emisarios de
Darío I, llegados para reclamar la tierra y el agua, acto simbólico de aceptación de la hegemonía universal de los
aqueménidas, y despacharon refuerzos a los atenienses (refuerzos que llegaron a
Maratón demasiado tarde para participar en la gran victoria griega).
En el año 481 a. C., cuando
Jerjesreclamó de nuevo la tierra y el agua a todas las ciudades griegas, exceptuando a Atenas y Esparta, fue naturalmente a ésta última a la que se le confió encabezar la
Liga Panhelénica, incluyendo la flota, pese a la superioridad marítima de Atenas. Tras haber renunciado a defender
Tesalia, los espartanos, mandados por su rey
Leónidas, defendieron valerosamente el desfiladero de las
Termópilas, retrasando en forma notable el avance de los persas, y permitiendo a la flota replegarse hacia Salamina. En contrapartida, la total victoria de
Salamina fue obra de los atenienses, quienes tuvieron que recurrir al chantaje para forzar la batalla en el estrecho, siendo así que el
navarca–almirante- espartano de la flota,
Kriatos, deseaba replegarse al
istmo de Corinto.
En el 479 a. C., la victoria de
Platea se logró bajo el mando del general
Pausanias. Éste fue regente debido a la minoría de edad de su primo el rey
Plistarco hijo de
Leónidas I.
El general Pausanias recibió la misión de destruir el puente de barcas construido por los persas sobre el
Bósforo, con el fin de dificultar su retirada, pero una tempestad se encargó por él del trabajo. Con el restablecimiento de la paz, Esparta propuso abandonar a su suerte las ciudades
jonias, demasiado lejanas, pero tropezó con la oposición de Atenas, lo mismo que en su sugerencia de expulsar de la
anfictionía de
Delfos a las ciudades culpables de
medismo o alianza con los persas: es decir, las de
Tesalia.
[editar]Guerra del Peloponeso
Apenas terminadas las guerras médicas, Esparta se inquietó por el creciente poderío de Atenas, enardecida ésta por sus victorias contra los
persas. Presionada por
Egina y
Corinto, Esparta prohibió a Atenas reconstruir sus murallas, destruidas por los persas. Esto no impidió que Atenas abandonara la
Liga Panhelénica para fundar la
Liga de Delos. Esparta no llegó a desencadenar una guerra y las relaciones se mantuvieron estables hasta el
462 a. C., año en el que desdeñó y envió de vuelta un contingente ateniense dirigido por
Cimón, que había acudido a socorrerla en plena revuelta de los
ilotas. Esto supuso la ruptura, sellada con la condena al
ostracismo del espartófilo Cimón por sus compatriotas de Atenas.
Las hostilidades propiamente dichas comenzaron en el
457 a. C., a requerimientos de Corinto. Tras una serie de victorias y derrotas para ambos bandos, se alcanzó una paz inestable que duraría cinco años. En el
446 a. C., las revueltas de
Megara y
Eubea reavivaron el conflicto. Esparta, a la cabeza de las ciudades coaligadas, arrasó el
Ática. El propio rey espartano
Plistoanacte fue acusado de corrupción, por no haber proseguido la ofensiva, y condenado al exilio. En el
433 a. C., por último, el asunto de
Corcira dio lugar al inicio de la
Guerra del Peloponeso.
La guerra se prolongaba demasiado.
Periclesdecidió abandonar el
Ática al pillaje sistemático de los espartanos, acogiendo a la población dentro de los
Muros Largos, que unían Atenas con su puerto,
El Pireo. En el
425 a. C. se produjo la humillante derrota de
Esfacteria, donde 120 Iguales (ver más abajo), pertenecientes en su mayor parte a las grandes familias de Esparta, fueron capturados en un islote. La ciudad tendría que rendir la flota para recuperar a sus
hoplitas. El golpe fue traumático: era la primera vez que se veía a los Iguales rendirse en vez de combatir hasta la muerte. En el 421 se firmó con el estratego ateniense
Nicias una paz largo tiempo anhelada.
Pese a todo, las tensiones permanecieron. Esparta y Atenas chocaron nuevamente en el
418 a. C. por una disputa territorial en
Mantinea. Atenas decidió que Esparta había roto los tratados, y la guerra recomenzó en el
415 a. C.Los atenienses organizaron una expedición contra
Sicilia que terminó en desastre. La revuelta de las ciudades jonias de la Liga de Delos permitió a Esparta imponerse en el campo de batalla. En el
404 a. C., una Atenas sitiada terminó por capitular.
Esparta obligó a Atenas a acortar los Largos Muros en diez
estadios (algo menos de dos kilómetros) por cada extremo, y a unirse a la
Liga del Peloponeso. Los espartanos, sin embargo, titubeaban respecto al sistema de gobierno que impondrían a la ciudad. Todo el mundo estaba de acuerdo en la necesidad de poner fin a la
democracia, pero se dudaba entre una
oligarquía radical bajo tutela espartana y otra más moderada, sin guarnición espartana para sostenerla. El general
Lisandro, gran artífice de la victoria sobre Atenas, impuso el gobierno de los
Treinta Tiranos, pero el otro rey,
Pausanias, permitió enseguida el derrocamiento y huida de los Treinta y de sus partidarios, y apoyó en cambio a los oligarcas moderados que se habían quedado en Atenas. Con todo, a su regreso a Esparta Pausanias sería juzgado, y ocho años después de su absolución, se vería condenado cuando Atenas volviera a tomar las armas contra Esparta.
[editar]El imperialismo espartano del siglo IV a. C.
Esparta se había lanzado a la Guerra del Peloponeso bajo la bandera de la libertad y de la autonomía de las ciudades, amenazadas por el imperialismo ateniense. Pero, tras haber vencido, haría otro tanto: impuso tributos, gobernantes títeres e incluso guarniciones. A partir del
413 a. C.,
Tucídides la describía como la potencia que “ejerce sola desde ahora la hegemonía sobre toda Grecia” (VIII, 2, 4).
Esparta cambió en consecuencia de política ante
Persia, haciéndose la portavoz del
panhelenismo. En primer lugar, se produjo la expedición de los
Diez Mil narrada por
Jenofonte en la
Anábasis, derrotada en el
401 a. C. En el
396 a. C., el rey
Agesilao II fue enviado a derrocar a
Tisafernes,
sátrapa de
Caria, y proteger a las ciudades griegas. Los sueños imperiales de Agesilao terminaron rápidamente, porque se le convocó de vuelta a causa de los acontecimientos en Grecia: Atenas, Tebas, Argos y otras ciudades se habían rebelado contra Esparta. Era el inicio de la
Guerra de Corinto. La coalición fue derrotada en
Coronea y
Nemea (
394 a. C.), pero Esparta perdió la hegemonía marítima que tenía por entonces. Entre tanto, los persas se lanzaron a una contraofensiva, y Atenas reconstruyó sus Largos Muros. Bajo la amenaza, Esparta terminó por firmar la
paz de Antálcidas, tanto con los griegos como con los persas (
386 a. C.).
Esta paz, protegida por el
Gran Rey persa, permitía en realidad a Esparta continuar su política imperialista con la excusa de proteger la autonomía de las ciudades más pequeñas. Esparta obligó a Argos a conceder a Corinto su independencia, e incluso a
Olinto a respetar la autonomía de sus ciudades de la
Calcídica.En el
378 a. C., sin embargo, el conflicto volvió a aparecer tras una razia espartana contra
El Pireo. Concluyó con la paz entre Atenas y Esparta (
371 a. C.), preocupadas ambas por los avances de
Tebas. Esparta lanzó de inmediato un ataque contra la ciudad beocia que terminó en el desastre de
Leuctra. El general tebano
Epaminondas destrozó el ejército espartano comandado por
Kleómbrotos I y organizó una poderosa ofensiva contra Esparta. Ésta se vería obligada a reclutar a numerosos
ilotas a fin de proteger la ciudad. Fue el final de la hegemonía espartana.
[editar]Declive del poder espartano
En el
siglo V a. C., los espartanos propiamente dichos, los “Iguales”, representan una pequeña parte de la población global de la ciudad. En el
480 a. C., el rey
Demarato estima el número de
hoplitasmovilizables en algo menos de 8.000 (
Heródoto, VII, 234). Este número caerá a lo largo del
siglo V a. C., principalmente a causa del terremoto del
464 a. C. que, según
Plutarco (
Cimón, 16, 4-5), destruyó el
gimnasio, matando a toda la
efebía de Esparta, así como a la revuelta de los ilotas, que supuso diez años de
guerrilla. Así, cuando la
batalla de Leuctra (
371 a. C.), no había más que 1.200 hoplitas movilizables, de los cuales 400 murieron durante el combate.
El número de los periecos era superior al de los Iguales. Se puede estimar que había unas cien aglomeraciones de periecos, pues dice Estrabón que Esparta era conocida como “la ciudad de las cien villas”. Los ilotas (o siervos) pueden calcularse entre 150.000 y 200.000. De acuerdo con Tucídides, se trataba del grupo servil más numeroso de Grecia.
La debilidad de Esparta permitiría medrar a la
Liga Aquea, mientras que las revoluciones de
Agis IV y
Cleómenes III minaban las instituciones de la ciudad. Este último se enfrentó con algún éxito a los aqueos, pero la intervención macedonia de
Antígono III supondría la terrible derrota de
Selasia, que condujo a la toma de Esparta. En el
207 a. C. llegó al trono
Nabis, que poco después se convertiría en
tirano de Esparta y reiniciaría la guerra contra los aqueos. En el
205 a. C. Esparta se alió con
Roma, modificando de raíz el equilibrio de fuerzas en la región. Los aqueos se apresuraron a firmar también tratados con Roma, enemistada por entonces con Macedonia. En el
197 a. C. Roma, en alianza con las demás ciudades griegas,
se volvió contra Esparta, que se vio obligada a firmar la paz en el
195 a. C. Perdió con ello una parte importante de su territorio, el derecho a reclutar
periecos, su puerto (en
Gitión) y casi toda su flota.
En el
192 a. C. la
Liga Aquea obligó a Esparta a ingresar en sus filas. Los espartanos se vieron forzados a derruir sus muros (los primeros de su historia, que
Nabis había mandado edificar), libertar a los
ilotas, abolir la “
agogé” o educación específicamente espartana, etc. Se creó una situación de gran inestabilidad social que no se calmaría hasta el
180 a. C., cuando quedaron sin efecto las prohibiciones y regresaron los exiliados.
Las tensiones con la Liga Aquea, sin embargo, no habían terminado. En el
148 a. C. los aqueos atacaron y derrotaron a Esparta. Roma intervino, exigiendo que Esparta y Corinto quedaran separadas de la
Acaya. Los aqueos, furiosos, retomaron las armas, pero fueron aplastados por Roma en el
146 a. C. Esparta se hallaba en teoría en el bando vencedor, pero en la práctica perdió sus ciudades periecas, que formaron por su cuenta la koinonía (alianza) de los Lacedemonios. Esparta no era ya más que una ciudad de segundo orden, autónoma pero aislada, muy lejos de su esplendor de antaño.
[editar]La dominación romana
Durante la dominación romana, ya sin ambiciones militares ni políticas, Esparta se concentró en lo que tenía de más específico: la
educación espartana. Ésta se endureció, atrayendo a los “turistas”, ávidos de ritos violentos y extraños. De este modo, los combates rituales que tradicionalmente se habían disputado en el santuario de Artemisa Ortia, bajo la dominación romana pasaron a convertirse en la “
dimastígosis”: los niños eran flagelados, en ocasiones hasta la muerte.
Cicerón lo relata en las
Tusculanas (II, 34): la multitud que acude al espectáculo es tan numerosa que se hace necesario construir un anfiteatro delante del templo para acogerla. Este espectáculo atraerá turistas hasta el
siglo IV de nuestra era, como lo testimonia
Libanio (
Discursos, I, 23).
[editar]Sociedad espartana
[editar]Los ciudadanos
Busto de un hoplita, quizás Leónidas (Museo arqueológico de Esparta).
Los únicos que poseían derechos políticos eran los denominados espartiatas que a diferencia de los espartanos, estos tenían descendencia consanguínea con el pueblo indoeuropeo de los dorios, llamados “astoi” o “ciudadanos” (término más aristocrático que el de “polités”, habitual en otras ciudades griegas); también se les conocía como “
Homoioi” (“Pares” o “Iguales”). Conformaban una minoría privilegiada pues al momento de nacer recibían una parcela de tierra junto con unos hilotas, que conservaban toda su vida. Los historiadores también usan el término latino de “
tresantes” (“los temblorosos”). Según
Heródoto,
Jenofonte,
Plutarco y
Tucídides, a los “tresantes” se les sometía a toda clase de desprecios y vejaciones: obligación de pagar el impuesto de soltería, expulsión de los equipos de pelota, de los coros, de las comidas en común, etc. Su estado de marginación era casi tan absoluto como el de los ilotas, con la excepción de que ellos sí podían acceder a los lugares públicos (siempre en los últimos puestos) y que les estaba permitido redimir su deshonra mediante actos de valor en la guerra.
Un auténtico espartiata debía ser hijo de padres espartiatas, haber recibido la
educación espartiata, hacer sus comidas junto a los demás ciudadanos en los comedores públicos y poseer una propiedad suficiente como para permitirle sufragar los gastos de su ciudadanía. Conformaban una minoría privilegiada que poseía las tierras, ocupaba los cargos públicos en forma exclusiva y concentraba el poder militar. Los trabajos manuales y de la tierra eran considerados tareas denigrantes para ellos, los trabajos de agricultura eran propios de los espartanos ( hombres que vivían en esparta pero que no eran ciudadanos).
El nombre de “Homoioi” (“Iguales”) es testimonio, según Tucídides, del hecho de que en Esparta “se ha instaurado la máxima igualdad entre el estilo de vida de los acomodados y el de la masa” (I, 6, 4): todos llevan una vida en común y austera.
[editar]Los no ciudadanos: Periecos e Ilotas
Los periecos (habitantes de la periferia), eran descendientes de los miembros de las comunidades campesinas sometidas sin utilizar la fuerza. Son mantenidos al margen del cuerpo cívico por la reforma de Licurgo, que les niega cualquier derecho político. Aunque libres, jamás participan en las decisiones. Poseen el monopolio del comercio y comparten el de la industria y la artesanía con los ILOTAS Entre los periecos hay también campesinos, reducidos a cultivar los terrenos menos productivos. Gozaban de ciertos derechos, como poseer bienes o casarse, pero no podían participar en el gobierno de la ciudad.
Los ilotas son los campesinos de Esparta. Eran descendientes de las comunidades campesinas sometidas a la fuerza por los dirigentes. Su estatus se crea con la reforma de
Licurgo. No son estrictamente esclavos, sino siervos: pertenecen al Estado, están adscritos a la propiedad que cultivan, no se los podía comerciar, pueden casarse y tener hijos y se quedan con los frutos de su trabajo una vez deducida la renta que corresponde al titular de la hacienda.
De modo excepcional, los ilotas podían ser reclutados para el ejército y liberados luego. Mucho más numerosos que los ciudadanos, la reforma de Licurgo les dejó por completo al margen de la vida social. Los “Iguales”, que temían su rebelión, les declaraban solemnemente la guerra cada año, les humillaban y aterrorizaban (ver "
Krypteia").
[editar]La educación espartana
Escultura de Leónidas en Esparta. ΜΟΛΩΝ ΛΑΒΕ(
Molon labe)
La educación espartana,
agogé, sistema educativo introducido a partir de Licurgo, se caracteriza por ser obligatoria, colectiva, pública y destinada en principio a los hijos de los ciudadanos, aunque parece que en ocasiones se debió admitir a ilotas o periecos, y los hijos de un ateniense como Jenofonte se educaron en Esparta. La educación espartana estaba enfocada principalmente a la guerra y el honor, hasta tal punto que las madres espartanas decían a sus hijos al partir hacia la guerra: "Vuelve con el escudo o encima de él", en referencia a que mantuviesen el honor y no se rindiesen nunca aunque con ello perdieran la vida.
Esparta practicaba una rígida eugenesia. Nada más al nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era sano y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco. De ser aprobado, le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara, siempre con miras a endurecerlo y prepararlo para su futura vida de soldado. Así es que la educación tenía reglas rigurosas de disciplina, obediencia y sometimiento a la autoridad. Los padres no educaban a sus hijos ya que, a partir de los siete años, los niños pasaban a depender del Estado y recibían una instrucción muy severa. Los niños aprendían técnicas de caza y lucha y se les daba gran importancia a los ejercicios físicos. El objetivo de la educación era formar ciudadanos obedientes y valientes guerreros.
A los siete años o los cinco, según Plutarco, se arrancaba a los niños de su entorno familiar y pasaban a vivir en grupo, bajo el control de un magistrado especial, en condiciones paramilitares. A partir de entonces, y hasta los veinte años, la educación se caracterizaba por su extrema dureza, encaminada a crear soldados obedientes, eficaces y apegados al bien de la ciudad, más que a su propio bienestar o a su gloria personal. Los muchachos deben ir descalzos, sólo se les proporciona una túnica al año y ningún manto y, sometidos a una subalimentación crónica, se les fuerza a buscarse su propio sustento mediante el robo. Las disciplinas académicas se centran en los ejercicios físicos y el atletismo, la música, la danza y los rudimentos de la lectura y escritura.
Por lo que a la educación de las niñas se refiere, se encaminaba a crear madres fuertes y sanas, aptas para engendrar hijos vigorosos. Por ello, insistía igualmente en la educación física, así como en la represión sistemática de los sentimientos personales en aras del bien de la ciudad.